Cuando el canto del ave
embista la tristeza,
simulare estar sincera
y sin falta de alegría.
Mas el tiempo se acaba,
y mi ilustre ilusión perdida,
no puede guardas las lágrimas
que el corazón dictamina.
¿Dónde esconden los dioses,
tal sufragio perdido,
ese chiste abatido,
de felicidad preciada?
Encontrada por unos días,
destinado a pagar meses,
para tan sólo sonreir,
unas horas al año.
¿Por qué continuo sincera,
cuando el calvario avecina,
y entre pena disimulo,
entristezco mi mirada?
Mas muy pocos son quienes guardan,
el silbido cautivo de presagio,
mientras mis ojos llorosos,
sólo acallan mis labios.
Y de salados caminos,
poco a poco van inhundando,
con amargas caricias,
mis mejillas perdidas.
Y con tristeza perdida,
mi mirada altiva,
no demuestra el llanto,
mas, las lágrimas, me condenan.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario