jueves, 13 de septiembre de 2012

Llanto

Cuando el canto del ave
embista la tristeza,
simulare estar sincera
y sin falta de alegría.

Mas el tiempo se acaba,
y mi ilustre ilusión perdida, 
no puede guardas las lágrimas
que el corazón dictamina.

¿Dónde esconden los dioses,
tal sufragio perdido,
ese chiste abatido,
de felicidad preciada?

Encontrada por unos días,
destinado a pagar meses,
para tan sólo sonreir,
unas horas al año.

¿Por qué continuo sincera,
cuando el calvario avecina,
y entre pena disimulo,
entristezco mi mirada?

Mas muy pocos son quienes guardan,
el silbido cautivo de presagio,
mientras mis ojos llorosos,
sólo acallan mis labios.

Y de salados caminos,
poco a poco van inhundando,
con amargas caricias,
mis mejillas perdidas.

Y con tristeza perdida,
mi mirada altiva,
no demuestra el llanto,
mas, las lágrimas, me condenan.

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